Ningún acontecimiento del presente se comprende sin el conocimiento y comprensión de los fenómenos previos que lo causaron. En muchos casos, no es necesario identificar un gran número de factores participantes en él para ese entendimiento. Ni remontarse demasiado en el tiempo, bastando apenas un leve retroceso temporal hacia los segundos, minutos, horas o días inmediatamente anteriores. Pero hay acontecimientos en los que un puñado de datos y un enfoque a corto plazo no sirven, resultando imposible de esa forma desentrañar sus claves. Entonces, se hace imprescindible una profunda recopilación de elementos participantes directa o indirectamente en él. Y también una extensa visión retrospectiva de algunas décadas hacia el pasado.
Este es el caso del París Saint-Germain, de su historia indisolublemente unida a los intereses de socio-político-empresariales de Francia, de su pertenencia al actual entramado empresarial del estado árabe de Qatar y de la influencia de todos estos factores en la renovación de Kylian Mbappé por el club parisino.
Esta es su larga historia. Que hunde sus raíces en toda una trayectoria histórica de múltiples y amplios intereses, muy complejos. La de un relato con muy distintas fases de evolución, en el cual se entremezclan relaciones entre el deporte, la violencia política, la sociología de masas, los intereses de Estado (en calibre local, nacional e internacional) y los de complejos conglomerados empresariales.
Comenzamos el largo y tortuoso camino para conocer cómo una trama puede descodificarse desde la investigación y luz sobre las claves de un oculto pasado y a través de los viejos y nuevos hilos invisibles que han conformado el presente, determinando el futuro. Absténganse los perezosos. Bienvenidos.
Capítulo 1.
El dominio de París sobre el primer fútbol francés
Desde tiempos del Imperio Romano, París ya era la capital la Galia. Su crecimiento y capacidad de atracción no ha dejado de aumentar desde entonces como la gran capital de Francia. Hacia mediados del siglo XIX, casi 1/7 de la población de Francia reside ya en el área metropolitana de la capital parisina, erigida ya también en la indiscutible gran metrópoli de la Europa continental. Para entonces, la práctica de actividades deportivas comienza a resultar más extensiva y organizada, fundamentalmente en los ámbitos académicos.
En Francia, es en París donde surgen los primeros clubes polideportivos, en 1882 el Racing Club de France y un año después el Stade Français. Cuando el siglo se encamina a su final, el fútbol, un nuevo deporte llegado desde Gran Bretaña, comienza a ganar practicantes y en 1894 la Union des Societés Françaises de Sports Athlétiques (USFSA) admitió el fútbol entre sus disciplinas. Ese mismo año, varios clubes parisinos integrantes de la USFSA disputaron entre sí, a nivel región de París, la primera competición organizada de fútbol en Francia. A la vista del éxito, la USFSA comenzó a celebrar desde 1899 competiciones similares de fútbol en varias provincias galas.

No sería hasta 1917 cuando varios clubes de fútbol de diferentes departamentos franceses se decidieron a disputar la primera gran competición nacional para el fútbol galo, la Copa de Francia, celebrada por eliminatorias desde su primera edición y hasta el presente.
La capital, como era natural por peso demográfico y económico, reunía buena parte del potencial futbolístico francés, y la primera edición fue conquistada por el Olimpique de Paris. Las 5 siguientes ediciones confirmaron el potencial parisino con el triunfo de equipos de la capital gala. Así, de las 15 primeras ediciones disputadas hasta el año 1932, en 9 de ellas, el 60%, el título fue conquistado por clubes de París.
A partir de la temporada siguiente, junto a dicha competición, comenzaría a disputarse en Francia el Championnat National, su campeonato nacional de Liga de clubes de fútbol. Y para su primera edición, la 1932-33, de sus 20 equipos fundadores, 4 de ellos radicaban en París.
Bajo estas premisas tanto en la Copa como en la recién creada liga nacional, el fútbol francés parecía encarrilado cada temporada hacia un claro dominio de su capital, París. En cierta forma, suponía la traslación natural al fútbol del histórico centralismo de la estructura político-institucional de Francia. Sin embargo, durante las siguientes décadas, la historia del fútbol francés viraría hacia rumbos tan diferentes que, en aquel instante, nadie habría sido capaz de predecir la inseparable relación que para siempre se establecería entre el fútbol de París y los intereses de Estado y empresariales. Pero ese nuevo rumbo lo veremos en el próximo capítulo.